Es viernes en la noche. Aburrida de revisar por vez número ochocientas en la pasada hora la cuenta que creé para conocer gente, cansada del ajetreo diario y con una necesidad insoslayable de contacto humano, decido llamar a mis amigas para despejar mi mente con cigarros y alcohol. No me malentiendan, tampoco soy adicta ni etilo-dependiente, es sólo que la mente se relaja más fácil con un tequila margarita, ¿o no?
Primera cuestión, ¿A quién llamo? A mis amigas. Obvio. Pero no es tan fácil... Pepa, mi amiga infaltable y casi tan jugosa como yo, me da el visto bueno, pero me pregunta si no hay problema que vaya con su pololo, a lo cual no tengo objeción. Gabi, quien se toma hasta la molestia, también me apaña, pero también pregunta si puede llevar a Manolo (su pololo). Finalmente la Meli, quien ha estado conmigo en las buenas y en las malas, casi como una hermana, fascinada con la idea, me comenta que su pololo está solo en su departamento, que tiene un tequila de juntas anteriores y que sería lo mejor que nos juntáramos todos allá. La idea suena atractiva, sencilla, y además implica alcohol gratis, ¡qué puede salir mal!
Pero es cuando voy llegando al departamento en cuestión me detengo para un momento de reflexión patética. ¿Notaron un patrón? uno más uno son dos, y dos, dos son seis, y YO ¡Soy la 7° pata en una mesa de seis!, el número impar, la que mira al techo cuando todos se besuquean, la que cuida las chaquetas mientras los demás bailan, la chaperona de todos, esa que además actúa como si no le importara, porque sino la tildan de amargada; así es, me he convertido en la temida solterona del grupo.
Afrontémoslo, ser de la minoría a veces no es bueno. Claro está, si pensamos que fueramos cuatro mujeres solteras, estupendas, en un happy hour, diríamos que somos el mejorado elenco de Sex and the City... pero no señores, soy sólo yo.
Y mientras tomo el primer shot de tequila, miro a mi alrededor y pienso que cualquiera de mis amigas podría ser yo, en pareja, teniendo una relación, con compromisos, lejos de mi vida liberal, soltera, sin rendirle cuentas a nadie... en verdad no es tan malo mi status quo... de hecho es excelente, voy donde quiero, no me preocupo por nada, no me denigro a tener apodos de animales y sólo invierto en mí.
Es en ese momento que tengo una revelación. Es casi como si Madonna me hablara mientras monta a su boy toy: definitivamente necesito más amigas, SIN POLOLOS.
Hahahahahaha amé el final! Te juro que vi a la Madonna descender del cielo, tocarte una mejilla y decirte la verdad.
ResponderEliminarmientras monta a su "toy boy", no al revés =P
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